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Mi ser fluye en tu música, bosque dormido en el tiempo, rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. ¿cómo olvidar que soy oculta melodía y tu adusta penumbra voz de los misterios? He interrogado los aires que besan la sombra, he oído en el silencio tristes fuentes perdidas, y todo eleva mis sueños a músicas celestes. Voy con las primaveras que te visitan de noche, que dan vida a las flores en tus sombras azules y me revelan el vago sufrir de tus secretos. Tu sopor de luciérnagas es lenta astronomía que gira en mi susurro de follaje en el viento y alas da a los suspiros de las almas que escondes. ¿Murió aquí el cazador, al pie de las orquídeas, el cazador nostálgico por tu magia embriagado? Oh, bosque: tú que sabes vivir de soledades ¿adonde va en la noche el hondo suspirar?
Vicente Gerbasi 
Tan arduamente el mar, tan arduamente, el lento mar inmenso, tan largamente en sí, cansadamente, el hondo mar eterno. Lento mar, hondo mar, profundo mar inmenso... Tan lenta y honda y largamente y tanto insistente y cansado ser cayendo como un llanto, sin fin, pesadamente, tenazmente muriendo... Va creciendo sereno desde el fondo, sabiamente creciendo, lentamente, hondamente, largamente, pausadamente,mar, arduo, cansado mar, Padre de mi silencio.
Idea Vilariño

Las montañas cristalizan en mil años y el mar gana un centímetro a la tierra cada dos milenios, horada el viento la roca en cuatro siglos y la lluvia, también la lluvia se toma su tiempo para caer.
Se paciente, con mi corazón que suspira por una obra duradera. Como el viento, como la lluvia, también mi corazón se toma su tiempo para caer.
Luisa Castro

No sólo por gozarte te he buscado: también te quiero para padecerte, porque el solo placer de poseerte no da la plenitud de haber amado. El vivo resplandor de lo gozado menos amor es siempre que aquel fuerte dolor de corazón que nos advierte la dicha cruel de estar enamorado. Te sufro con dolor, con alegría, con deleite, con odio, con dulzura, y la felicidad es agonía. Si algún día nací, fue para verte; por saber tu pasión y tu hermosura, para gozarte, Amor, y padecerte.
Dora Castellanos 
Apoyada en mi hombro eres mi ala derecha. Como si desplegaras tus suaves plumas negras, tus palabras a un cielo blanquísimo me elevan. Exaltación. Silencio. Sentado estoy a mi mesa, sangrándome la espalda, doliéndome tu ausencia.
Manuel Altolaguirre

El distraído, tropezó en ella El violento, la usó como proyectil El emprendedor, la usó para construir El campesino, cansado, la usó como asiento El niño, la usó como juguete Drummond, la usó como inspiración David, la usó para matar a Goliat Y Miguel Ángel, sacó de ella una bella escultura En todos estos casos, la diferencia no estuvo en la piedra sino en el hombre. No existe "piedra" en tu camino que, las más de las veces, no puedas aprovechar para tu propio crecimiento.
Desconocido

Todavía tu sombra llega y me invade la casa. Conversa con las cosas. Extrañamente tuya esa presencia muda. Como si tú quisieras amarme sin saberlo. Como si un otro tuyo se saliera de ti para buscarme.
Renata Durán

Trabajé el aire se lo entregué al viento: voló, se deshizo, se volvió silencio.
Por el ancho mar, por los altos cielos, trabajé la nada, realicé el esfuerzo, perforé la luz ahondé el misterio.
Para nada, ahora, para nada, luego; humo son mis obras, cenizas mis hechos.
...Y mi corazón que se queda en ellos.
Angel gónzalez 
Estoy, amor, en Sóller. He venido en el tren. Escribo una postal y la meto en el sobre. Recuerdo aún tu nombre y el Apartado 3 de Correos de un pueblo donde nunca estaré. Ven a salvarme, amor: he naufragado ya. Escribo con mi sangre en un feble papel. La botella está rota y no lleva tapón. La mar está movida, se acerca el huracán. Ven a salvarme, amor.
¿Oyes el mar? Eternamente estaremos escuchándolo. Lo llevaremos dentro como la sangre, como la paz como te llevo a ti misma. Todo, todo irá acabando: la tristeza, la vida, la soledad tan grande en que me has dejado. Sólo el mar, amor mío, el mar sigue existiendo. Me asomo: lo contemplo desde esta tarde lenta, desde esta fría y herrumbrosa baranda adonde no te asomas.
Amor, no estás conmigo. ¿Ves el silencio en torno? Baja como las olas, me roza como el río de tu piel, se aleja para siempre. Tú, mar, eterno mar de mi sueño, sueño ya tú, lejana, irremediable.
El viento te acaricia. Yo soy el viento. Pero estoy solo. Y tú, tú estás lejana. Sólo el mar te recuerda, te vive, te arrebata. Siento tus labios, que es sentirte entera; siento tu carne, calladamente mía. Mis manos en el aire te dan vida, y la playa, ya inútil sin tu huella, deshabitada y torpe se aleja como el día. Sólo la tarde existe; existe y va muriendo. Unos dedos de espuma me agitan los cabellos; unas hojas doradas por el sol van cayendo. Quizá son tus palabras, quizá el cerco ya inútil de tus brazos.
Escucha, amor, te voy nombrando como te nombra el mar. Algún abismo se quiebra no sé dónde, y este mar que respiro no es el mío con capiteles rotos y con mirto. Es tu terrible mar, tu ecuatoriana selva, como tú, tormentosa; como tú, quieta, insospechada, dulce, y otra vez angustiosa y arrebatada. Amor, me vas muriendo. Este mar que era nuestro me mira indiferente. Quisiera levantarme como un viento tremendo y sacudir las velas, descerrojar los brazos, morirme a chorros. Pero sólo el silencio. Yo, acodado en en el aire, contemplo tu recuerdo. No hay más que arena. La ciudad, a lo lejos, se desdibuja. Es un humo borroso como el olvido. Ahora estiro los brazos y te busco. Aquí están nuestras rocas. El mar se mira en ellas; también te busca. Una estrella de mar va acariciando mi sombra: mi sombra que, sin la tuya, no es más que un pozo seco. Esta tarde es como media vida: la media que me falta. La que tú te has llevado. No, no has venido. Eternamente no vendrás. Caerán constelaciones, se hundirán montes, siglos, tempestades, y no vendrás. Y yo estaré mirando lo que nos une todavía: el mar. Un buque remotísimo buscará el horizonte; pasará un pescador con sus cañas al hombro. Sólo tú no vendrás. No vendrás nunca.
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